La desaparición global de estos insectos ya afecta a la producción de alimentos.
“La ciencia muestra que los rindes de algunos cultivos que dependen de abejas, abejorros y otros insectos pueden caer mucho si la polinización es insuficiente. Por ejemplo, frutales, hortalizas, girasol o café. Incluso, el área que ocupa este tipo de cultivos crece más rápido que la del resto. Necesitamos de la polinización cada vez más”, señaló Mariano Devoto, docente de Botánica General en la Facultad de Agronomía de la UBA, quien también es investigador del CONICET. El trabajo publicado en Science sintetizó 59 estudios de 19 países. La FAUBA aportó datos clave. Imagen: jeffollerton.co.uk Frente a estas amenazas, ¿cuánta superficie silvestre más puede perder el planeta? Para abordar la pregunta, la Universidad de Wageningen, Países Bajos, lideró el estudio del que participó la FAUBA, buscando establecer la cantidad mínima de hábitat natural que necesitan los polinizadores. “El trabajo, publicado en el portal sobre la tierra analizó datos de distintos grupos de polinizadores, en 1250 paisajes agrícolas, es decir, en áreas naturales transformadas para hacer agricultura y ganadería. “Participaron 80 investigadores de 19 países. Nosotros aportamos los datos de la tesis doctoral de Marcos Monasterolo, quien estudió el tema en las zonas aledañas a la Ea. San Claudio —de la UBA—, en la provincia de Buenos Aires”, explicó Devoto. “Los resultados muestran que las mariposas son el grupo más sensible: para estar efectivamente protegidas, necesitan un 37% de hábitat natural, siempre hablando a escala de paisajes agrícolas. Por su parte, los abejorros requieren un 18%, y las abejas, un 16%”, destacó el docente. El estudio fue publicado en la prestigiosa revista científica Science. “Desde los ‘60s, los polinizadores vienen decreciendo al perder sus hábitats naturales. Los primeros registros llegaron con la ‘revolución verde’, que trajo el uso masivo de agroquímicos y otros insumos, y la homogeneización del uso de la tierra”, comentó Devoto. A lo que añadió: “Hoy, la tendencia continúa. En todo el mundo, la agricultura, el cambio global y la urbanización avanzan sobre áreas silvestres, reduciendo aun más los espacios que los polinizadores necesitan para alimentarse, nidificar o refugiarse. Así, la caída en la polinización puede impactar directamente en la producción de alimentos”. El campo argentino, ¿conserva? Mariano Devoto se refirió a la proporción de áreas naturales en paisajes agrícolas de nuestro país. “Hay pocos trabajos que aportan cifras. En la Región Pampeana se conservaría entre 5 y 8%, y en otras partes del país, hasta un 15%. Aun cuando estos valores no son elevados, es posible que sean insuficientes para muchos grupos de polinizadores”. El investigador reconoció que el 37% que surgió del estudio podría alarmar a los productores. “¡Nadie conservaría semejante proporción de campo! Pero hay que considerar que es el piso para las mariposas. Otros polinizadores tienen umbrales más bajos. Por suerte, los productores ya van conociendo el valor de cuidar la biodiversidad, y por diversos motivos”. Mariano sostuvo que algunos son más ‘idealistas’ y les gusta hacer las cosas bien en sentido ambiental: conservan áreas silvestres por el simple hecho de preservar especies. Otros lo hacen porque entienden que una biodiversidad mayor potencia a los insectos que controlan plagas —depredadores y parasitoides— o preserva la buena salud de los suelos. También las razones económicas están presentes. “Si el rendimiento de un cultivo cae por no tener polinizadores —digamos, un diez o un veinte por ciento—, el productor debe salir a alquilar colmenas. Ese costo es evitable manteniendo refugios silvestres. No requieren mucho manejo y brindan polinizadores gratuitos”, resaltó.






