Un equipo de investigación integrado por especialistas del INTA y del Conicet marcó un hito en la biotecnología agrícola al demostrar que es posible obtener variedades de alfalfa adaptadas a ambientes con excesos hídricos.
A través de un proceso de selección fenotípica recurrente, los científicos lograron desarrollar plantas más robustas capaces de mantener su rendimiento en suelos donde el estancamiento de agua suele limitar drásticamente el desarrollo radicular y la productividad forrajera. Este avance resulta estratégico para sostener la actividad ganadera y lechera en regiones propensas a inundaciones o con deficiencias de drenaje.
El estudio, coordinado por investigadores del Instituto de Investigación de la Cadena Láctea y del INTA Manfredi, tomó como base materiales genéticos ampliamente utilizados en el campo argentino, como las variedades Traful y Limay. Estas poblaciones fueron sometidas a condiciones controladas de hipoxia mediante sistemas hidropónicos que simulan la falta de oxígeno en suelos saturados. Tras seleccionar sistemáticamente el 10 % de las plantas con mejor respuesta y completar tres ciclos de mejora, los resultados revelaron un progreso genético significativo y consistente en comparación con las poblaciones originales.
En términos productivos, las alfalfas mejoradas registraron un aumento superior al 60 % en biomasa aérea seca y de más del 40 % en biomasa radicular. Estas cifras reflejan una mayor plasticidad y vigor general de la planta, permitiéndole asignar recursos de manera más eficiente incluso bajo condiciones restrictivas. Según los expertos, la moderada heredabilidad del rasgo confirma que el avance no es circunstancial, sino que existe una variabilidad genética aprovechable que permite consolidar estas mejoras a largo plazo para fortalecer la oferta forrajera nacional y mitigar el impacto del cambio climático en los suelos.




